Don Clemente, símbolo rafaelino
Clemente Gaggiotti es uno de esos personajes que está indisolublemente unido a la historia de Rafaela por protagonismo,participación y compromiso con la ciudad que lo vio nacer hace más de ocho décadas.
Y ahora, todo ello lo refleja en un libro de su autoría.
Don Clemente Gaggiotti es uno de esos ciudadanos rafaelinos que se ha identificado desde siempre con el pago chico y aquí ha desarrollado su vida y sus trabajos, marcando presencia y dejando huella.
Superando ya las ocho décadas sigue con el mismo empuje de siempre, en lo suyo y en la vida, pues acaba de editar un libro con sus memorias y vivencias.
Pero más allá de eso, hay todo un material para hacer una historia con ribetes propios, no por nada su nombre y apellido son todo un símbolo desde hace mucho.
Hoy, Gaggiotti y su Inmobiliaria, más su figura circulando diariamente por las calles, son una imagen conocida, ya que además de sus actividades ha desarrollado toda una amplia gama de tareas comunitarias e institucionales.
Pero como en todos los casos, detrás de este hombre hay una historia.
Hijo de un almacenero, tenía su casa paterna en la esquina de San Martín y Güemes, frente al lugar donde actuaban los circos y se precia que concurrió a la escuela Normal "donde estaban docentes tales como Amanda Arias y Olga y Leticia Cossettini".
Cuando tenía 8 años, la familia se mudó a la esquina de Bv. Santa Fe y Víctor Manuel para seguir adelante en aquella Rafaela que ya por entonces era una población pujante. Allí, en el comercio familiar dedicado a ramos generales fue creciendo Clemente y familia. "Después de la primaria -evoca- mi padre me mandó al Colegio San José de los Hermanos Maristas donde se estudiaba el comercial. Eran otros tiempos donde había clases de lunes a sábado, pero los que tenían buenas notas podían zafar los jueves que era el día del deporte en el campo que estaba al lado de Ben Hur, sobre calle Saavedra".
"Y cuando uno salía del secundario tenía que trabajar. Mi primer empleo fue en el Frigorífico Rafaela, para pasar luego al Banco Provincial de Santa Fe donde estuve catorce años. Irme fue una decisión difícil, incluso intentaron convencerme, pero -luego de un fin de semana- seguí adelante y la renuncia quedó firme".
Allí fue el tiempo del martillero, el hombre que con su actividad se convertiría en un símbolo del rubro.
"Profesionalicé la profesión de martillero" explica Clemente y dice lo suyo. "Hace más de cincuenta años que estoy en esto, actuando en el Colegio de Martilleros y en todo lo que tenga que ver con la actividad.
Mi primera inmobiliaria la instalé en la esquina de Urquiza y Reconquista y luego fui donde estoy ahora. El negocio inmobiliario es complejo y requiere estar actualizado en logística e infraestructura, pero en esencia sigue siendo el mismo: confianza y trato igualitario para todos, y además, cumplir con la palabra empeñada. ¿Mi primera operación...? Unos lotes en el Villa Rosas, allá por calle Coffet, un lugar donde había mucho terreno.
"Por supuesto que todo cambia. Hoy el tema del momento son los condominios y uno tiene que estar actualizado".
Y lo que dice Clemente no es gratuito. El sigue firme y tan atento como siempre, mirando, escuchando y traficando por las calles que conoce de memoria, casi como las casas y sus propietarios, y aunque admite que "Rafaela creció mucho", continúa con su rutina de compartir un café con los amigos y la charla con el mismo escenario.
Ahora escribió su libro y aunque admite que "ya hice todo", en realidad es una manera formal de salir del paso, ya que hombres con su personalidad y su estilo de vida no suelen jubilarse tan fácil, mucho menos dejan de trabajar. Simplemente, hacen como que miran las cosas de costado, pero siguen tan activos y atentos como siempre, porque esa es la esencia de su propia vida.
Diario: La Opinión